Qué Creemos     

Qué Creemos.doc

JESUCRISTO

Creemos que ni nosotros, ni el universo, somos el resultado del azar. “Porque toda casa es hecha por alguno; pero el que hizo todas las cosas es Dios”. (Hebreos 3:4; Génesis 1 y 2).
Creemos en un solo Dios, quien existe en tres personas: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Dios por nosotros se nos manifiesta como Padre; Dios con nosotros se nos manifiesta en el Hijo; y Dios en nosotros se nos manifiesta por el Espíritu Santo (Isaías 7:17-40; 9:6-7; Mateo 1:20; 28:19; Juan 1:1; Romanos 8:9-11; 9:5; Efesios 4:6).
Creemos, por consiguiente, en la divinidad de Jesucristo tanto como en su perfecta humanidad (Juan 1:1; Filipenses 2:1-11; Colosenses 2:9; Tito 2:10,13; 1 Juan 5:20).
Creemos que Jesucristo es digno de toda honra, alabanza y adoración pues leemos en el Evangelio: “que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo, no honra al Padre que le envió” (Juan 5:23; 17:5; 1 Corintios 2:8; 2 Corintios 10:11; Apocalipsis 1:5-6). Es evidente la identidad que se da entre Jehová y Jesucristo, pues por medio del profeta Isaías dijo Dios: “Mi honra no la daré a otro” (Isaías 48:11; 42:8), y también: “Yo mismo, yo el primero, yo también el postrero”, palabras de Jehová que Jesucristo se aplica a sí mismo (Isaías 48:12; Apocalipsis 1:17; 22:13).
Creemos, pues, que no son verdaderos testigos de Jehová quienes no estén dispuestos a ser testigos de la divinidad de Jesucristo. Porque la gloria de Jehová (Isaías 40:3-5; 6:1-5) es la gloria de Jesús (Juan 1:19-23,23-34; 12:36-41) y así como antaño fue dicho: “Todo aquel que invocare el nombre de Jehová será salvo” (Joel 2:32), en el Nuevo Testamento leemos que todo aquel que invoque el nombre de Jesús se salvará (Romanos 10:8-13; 1 Corintios 1:1-2; Santiago 2:7; Hechos de los Apóstoles 7:59-60).
“Felipe le dijo: Señor, muéstranos el Padre, y nos basta. Jesús le dijo: ¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre” (Juan 14:9).
Creemos en el nacimiento virginal de Jesucristo, en su perfecta humanidad, su vida sin pecado, sus milagros divinos, su muerte expiatoria a favor – y en lugar – de los pecadores, su resurrección corporal, su ascensión, su actual mediación e intercesión cerca del Padre por su pueblo, su soberanía como rey de reyes y Señor de señores, y su segunda venida visible en poder y gloria.

LA BIBLIA

Creemos que nadie conoce mejor el funcionamiento de una máquina que su inventor. Si algo falla es aconsejable leer las instrucciones. ¿Quién sabrá más de la vida, la felicidad y el destino eterno de los humanos que Aquel que nos creó y es la fuente de la vida? (Juan 14:6; 17:3).
Creemos que lo más sensato es leer las “instrucciones” que Dios mismo ha dejado para nuestra orientación, nuestro consuelo y nuestra salvación. Estas “instrucciones” las encontramos en la Biblia (2 Timoteo 3:15-17). Creemos que la Biblia – Antiguo y Nuevo Testamento – recoge fielmente el testimonio de unos hombres escogidos por Dios (profetas y apóstoles), e inspirados por el Espíritu Santo, para ser testigos de la historia de la salvación llevada a cabo por Dios en Cristo a favor de los hombres. Por ello la Biblia constituye el depósito único e infalible de la Revelación divina. La Biblia es Palabra de Dios (Efesios 2:20; 2 Pedro 1:21).
Creemos que nadie tiene derecho a añadir ni a quitar nada de esta Palabra única. Si Dios ha hablado, ¿quiénes somos nosotros para recortar o agregar nada a su Palabra? (Apocalipsis 22:18-19).
Creemos que yerran gravemente quienes se atreven a colocar al mismo nivel de la Biblia otros libros, otros mensajes, otras opiniones, otras personas y aún alguna que otra Iglesia, como si la autoridad de Dios no fuese ni única ni suficiente.
Creemos con los reformadores que “No es la Iglesia la que determina lo que la Escritura enseña, sino que es la Escritura la que determina lo que la Iglesia tiene que enseñar”.
Creemos que nuestra lealtad a Cristo se mide por nuestra fidelidad a su Palabra. “El que me ama, mi Palabra guardará” dijo Jesús (Juan 14:23). Como comentaba un cristiano del siglo IV: “La falta de conocimiento de la Biblia trae consigo la falta de conocimiento de Cristo” y quien desecha la autoridad de la Escritura como norma suprema e inapelable rechaza, de hecho, la autoridad soberana de Cristo.
Creemos como sólo Cristo es Salvador, así también sólo la Biblia es palabra de Dios y suprema autoridad en todo lo que atañe a la fe y a la conducta.

LA GRACIA, LA FE Y LA ESPERANZA

Creemos que la salvación del hombre es solamente por la gracia de Dios y se basa en la obra de la redención efectuada por Dios en, y por medio de, la vida, la muerte y la resurrección de Jesucristo (Romanos 1:18-3:31).
Creemos que esta salvación se hace realidad en la vida del pecador cuando éste, por la sola fe – sin méritos propios, ni pretensiones vanas – reconoce en Cristo a su único Salvador y Señor (Efesios 2:8-10).
Creemos que nadie es cristiano por el mero hecho de haber nacido en una familia o sociedad que se tienen por tales (Mateo 3:9).
Creemos que la conversión es requisito indispensable para ser cristiano (Hechos de los Apóstoles 3:19; Romanos 6:17-23). Creemos que Dios llama por su Palabra y por su Espíritu a los hombres al arrepentimiento y a la fe en Cristo. Cuantos responden con una conversión verdadera son constituidos en pueblo de Dios (Hechos de los Apóstoles 17:30-31).
Creemos que Jesucristo es la única Cabeza de la Iglesia y también su único Sumo Pontífice, pues así lo enseña la Biblia (Hebreos 7:23-25 ss).
Creemos que la palabra final de la historia la pronunciará Dios. Creemos que la historia de la humanidad desembocará en el retorno de Cristo, en el juicio universal, y en “los cielos nuevos y la tierra nueva” del estado eterno. Esto conlleva igualmente nuestra firme, y segura, esperanza en la resurrección, en la restauración de todas las cosas conforme a los propósitos divinos y la consumación perfecta del Reino de Dios (Romanos 8:19-23; 2 Pedro 3:13; Apocalipsis 21 y 22).
Esto creemos. Esto confesamos. Esto inspira y fortalece nuestra vida a la que llena de significado.

“Porque no nos predicamos a nosotros mismos, sino a Jesucristo como Señor, y a nosotros como vuestros siervos por amor a Jesús. Porque Dios, que mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz, es el que resplandeció en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo” (2 Corintios 4:5-6).