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jueves, 18 febrero, 2010, 09:19 PM - ARTICULOS
UNA RACIÓN DE SPURGEON.Sobre el infierno.
¡Oh, hermanos y hermanas en Cristo, si los pecadores van a ser condenados, al menos que tengan que saltar sobre nuestros cuerpos para llegar al infierno,
y si deben perecer, que perezcan con nuestros brazos tirando de sus rodillas, implorándoles que se queden y que no se destruyan a sí mismos en su locura! Si el infierno debe llenarse, al menos que sea pasando por encima de nuestros esfuerzos, y que ninguno llegue allí sin haber sido advertido y sin que hayamos orado por él. Existe un lugar donde hay una terrible reunión de oración todos los días, y a todas las horas del día; una reunión donde todos los asistentes oran – no sólo alguno de ellos, sino todos; y oran con suspiros, y quejidos, y lágrimas; y aún así, nunca serán escuchados. Esa reunión de oración es en el infierno.
¡Oh, que en la tierra hubiera la mitad de oración que habrá allí! ¡Oh, que las lágrimas vertidas en la eternidad se hubieran vertido a tiempo! ¡Oh, si la agonía que los perdidos sienten ahora la hubieran sentido antes! ¡Oh, si se hubieran arrepentido antes de que su vida hubiese terminado! ¡Oh, si sus corazones se hubieran enternecido antes de que el terrible fuego del juicio los hubiera derretido!
Yo no soy como los aduladores que predican un infierno pequeño y un Dios pequeño, de los cuales deduces naturalmente que puedes vivir como te dé la gana. Tanto tú como ellos pereceréis eternamente si los crees. Existe un infierno terrible, porque existe un Dios justo.
El Señor, al final, nos pondrá entre aquellos a los que más nos parecemos; en aquel día en el cual separará a los pueblos reunidos ante Él como un pastor separa las ovejas de las cabras, las ovejas serán puestas con las ovejas, y las cabras con las cabras. Si has vivido como los impíos, morirás como los impíos, y serás condenado como los impíos.
Tal como un hombre vive y muere, así será por toda la eternidad. El borracho de aquí tendrá allí toda la sed de un borracho sin la posibilidad de satisfacerla. El blasfemo de aquí dirá blasfemias más tremendas. La muerte no cambia el carácter, sino que lo fija, lo petrifica. “Aquel que es santo, sea santo todavía; aquel que es impío, sea impío todavía”. El hombre perdido permanecerá siendo pecador y crecerá en su pecado y rebeldía contra Dios. ¿Entraría un hombre así en el cielo? ¿Pisará el ladrón las calles de la Nueva Jerusalén? ¿Cortará una blasfemia la atmósfera del paraíso? ¿Serán interrumpidas las canciones de los ángeles por la bajeza de las conversaciones infames? No puede ser.
La noticia de un pavoroso incendio en otro continente nos causa sensación, pero oímos hablar acerca del fuego que nunca se apagará sin la más mínima emoción.
Ningún ministerio humano dio jamás descripciones tan gráficas y detalladas del infierno como las que dio Cristo. Dices que crees las palabras de Jesús, que no sospecharías nunca que el Salvador lleno de amor hubiera exagerado. Si Él decía la verdad, ¿por qué no crees?
Nuestro Redentor, cuyos labios son como lilas destilando dulce miel, con gran ternura de corazón advirtió a los hombres del seguro resultado de sus pecados, y nadie usó jamás un lenguaje más fuerte o más alarmante que Él respecto al futuro de los hombres impíos. Jesús no sabía nada de una supuesta “amabilidad” que dejara a los hombres perecer sin advertirles de que iban a perecer. Una ternura semejante no sería más que egoísmo y excusas para no cumplir con un deber desagradable.
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domingo, 21 febrero, 2010, 07:55 PM
Spurgeon pone de manifiesto, sin dejar de lado su ironía característica,las consecuencias de la falta de observancia de la palabra de Dios.La falta de moralidad y de principios en que está inmersa la sociedad en que vivimos es el camino propicio que desemboca en la condenación eterna.Demos gracias a los predicadores que, como Spurgeon, no tienen reparo en explicar la Verdad ni temen ofender a la congregación.
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